sábado, 10 de octubre de 2009

LA CIENCIA TERRESTRE

LA CIENCIA TERRESTRE

La Ciencia terrestre, sin duda alguna, ha ido siempre por detrás de los logros de la iniciación. Casi siempre inspirándose en esta última, consagrados sabios de este mundo, que en principio han sido vetados y rechazados por la llamada Ciencia Oficial compuesta por engreidos y presuntuosos, han alcanzado indiscutibles ilaciones en el campo científico y genial precisión en la esfera astronómica. Pero, a pesar de esa "exactitud" científica, de ese positivismo indiscutible en sus bases experimentales, las constantes correcciones, las sustituciones y los nuevos descubrimientos, han exigido y exigen continuos aciertos. El sistema Claudio Ptolomeo, resultado de innumerables e inamovibles investigaciones de la época, afirmaba que la Tierra era el centro del Universo; pero, tuvo que ceder su lugar a la teoría del sistema heliocéntrico de Copérnico, en el que el Sol pasaba a figurar como centro del Sistema.
Hasta principios del siglo IX, los astrónomos aseguraban, con toda suficiencia y "positividad experimental", que sólo siete planetas giraban en torno del Sol. Pero, eso no impidió que Le Verrier, en 1.846, descubriese a Neptuno, y gracias a los cálculos de Percival Lowell, fuese descubierto Plutón en 1.930. Después, los prestigiosos astrónomos aseguraron que esos orbes eran los últimos en descubrirse, cosa que este mismo año ha habido que rectificar con el nuevo planeta descubierto. Si los científicos que se vanaglorian de tener renombre fueran más humildes no afirmarían cosas de forma categórica en sus arriesgadas teorías, pues la función prosaica de los hombres es descubrir y calcular aquello que la Ley Suprema creó, sin consultar la presunción de los compendios humanos.
Recordemos ciertos anales científicos y en ellos se encontrarán innumerables teorías sobre la constitución intrínseca del Sol, sin que formen un acuerdo perfecto de ideas. La teoría de los rayos cósmicos no ha tardado en echar por tierra la consagrada ley de Newton: la curvatura de la luz, en la teoría einsteiniana, después de examen de los posteriores eclipses totales, ha demostrado un error de más o menos un 30% de los anteriores cálculos teóricos.
Marte - el planeta más próximo y accesible a los estudios astronómicos de los sabios terrestres - ha servido para saturar de teorías ciertos compendios, en los cuales la variedad de consideraciones científicas es bien acentuada. Los satélites de Júpiter sirvieron para innumerables discusiones cuando fueron descubiertos y aún hoy, a pesar de la gran capacidad técnica del instrumental óptico de Monte Palomar, los astrónomos no saben cuál es la estructura exacta de los anillos de Saturno, ni tienen la visión poliforme de los que llaman "canales marcianos".
Sería abrumador enumerar las teorías y descubrimientos rectificadores de la Ciencia de este mundo, desde tiempos remotos, demostrando así su vulnerabilidad constante. Los actuales astrofísicos desdeñan aún la posibilidad de la modificación del Eje terráqueo en la cercanía de este tiempo en que vivimos, y sin embargo, desde el "Libro de Enoch" - en los consagrados diálogos de Noah y Enoch, el abuelo - los iniciados conocían perfectamente el asunto y lo han seguido gradualmente a través de los tiempos.
Un saludo cordial,
José García Álvarez
Pulpí - España
Tl.- 950465048
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